Merdócrata A La Moda

La llegada mía ha este mundo está repleta de aventuras y mucha mierda en especial mierdas que me pasan a base del amor y otras pendejerías. Un día, hace unos meses atrás, estaba sentado en mi vehículo, una Champ color azul clarito y estaba con la jevita de turno tu sabes, y estábamos hablando pendejases. Yo soy bueno hablando pendejases, bueno, soy bueno hablando mierda. Pues eso es lo que hice: hablar mierda. Dentro de ese vernáculo de alcanterilla que me distingue le pregunté a mi chica cómo es que me veo. La muy cabrona respira hondo y me dice “como un desempleado que busca donde irse a beber”. No sé que carajo me pasó por mi mente en ese momento. No sé si abrir la puerta del carro y tirarla por la brea a 70 millas por hora o colocarme el gesto como una medalla en el pecho. La mierda es que me puse a reflexionar. Soy tan basura, tan miserablemente masoquista que me dio por pensar en cómo complacer a esta chica que me tiene loco pero que a su vez me preocupa su línea de pensamiento.  ¿Seré tan poca cosa? ¿Mis gustos por la moda está como los del gallo (en el culo)? No es que a mi me importe pero yo, como tremendo macho cabrío que soy me dediqué a la tarea de buscar un cambio de look, papi, tu sabes, de estilo. Cosa de lucir cabrón la próxima vez que saliera por ahí yo, con mi trapo de pinga por ahí, de casería.

Llegué a mi casa y empecé a meterme al internet desde mi Pentium custom made bien bellaca con Windows 95, con mi Dial Up bien ready y el casset de Super Mario Bros 2 de disco duro y comencé a surfear por la red. Cosa cabrona, tengo que decir, porque luego de 24 minutos de hacer loading del logo de Google pude acceder a la página y me puse a buscar información sobre las distintas subculturas que abundan en el país. Sea lo que sea quería observar imágenes de múltiples personas que necesitan ser parte de un grupo “elite” de la sociedad. Gente que viste según sus gustos o en algunos casos por presión de grupo para poder encajar en la sociedad. Pasa el tiempo, me quedo pensativo, reflexiono, recuerdo mis tiempos de mozo. Mis tiempos cuando encajaba con la crema y nada cívica de la isla.

Recuerdo años atrás cuando allá a principios de los noventas la gente me mamaba el bicho bien cabrón cuando yo vestía con mis mahones marca Pepe y mi camisa de Bad Boy. Bien baja panty yo. No había mujer con pollina que no le azotara la cara con mi monga matraca. Yo era todo un chulo, todo un boss. Los hombres me decían “Merdócrata, como un ser nauseabundo como usted puede tener mámises así de ricas y deliciosas” yo siempre les respondía sencillo con mis 6 palabras de virtud: “Que se te marque el bicho”. Ese es el secreto. Gracias a eso es que pude echar polvos con mujeres del caribe como Brenda Robles, Ivette Cintrón y La Taína (con condón).

Pasa el tiempo y llegando a mediados de los noventas yo me había vuelto un tipo medio caco. No les hablo del resto de los ochenta. Los ochentas estaban más que cabrones. Yo solo me vestía de Miami Vice y la gente lactaba y ya. Pero a mediados de los noventas yo tenía una crisis emocional bien cabrona pues siempre trataba de andar con mis putas tenis Nike,  Reebok al día. En el back to school yo quería venir con lo ‘último en calzado. Mis amiguitos se iban a botar. Yo también. Yo no tengo madre, solo se que me cagaron y que la sociedad me convirtió en el escombro humano-excreta que soy ahora.  Pero hay algo que no me daría gracia y que creo que era que unos mamabichos de estudiantes me la montaran con los chavos que les da sus mamis. ¡Mierda es! Es por eso que me dediqué a cobrar por trabajos de la escuela. 50 centavos, 1 peso, 3 dólares un proyecto. La cosa es que poco a poco ahorraba para separar el holy grail de los calzados deportivos. Si, hijo de mil putas, ahorraba para mis Jordan.

Se estaban por acabar los noventas y ya el milenio estaba por culminar y algo me pasó por la mente. No me sentía a gusto conmigo mismo. Era una masa asquerosa híbrida. Yo no sabía que hacer. Era caco, si, lo era. Aún le rendía tributo a Falo y a su tiradera al maricón ese de Alberto Stylee pero aún no sé. Pensé que era cool y radical en especial porque tenía en mi poder mis mahones marca BOSS negros bien anchos ultra cabrones pero estas estaban acompañadas por unas tenis Airwalk o Sketchers. No sé por qué. Yo se que era cosa de surferito pero para mí que era que el ser caco tenía que evolucionar. Teníamos la misma moda como por 10 años sin ningún cambio. Nosotros los que asistíamos a los festivales playeros de Telemundo simplemente estábamos desamparados. Es por eso que me olvidé de ser caco por un tiempo.

Dios bendiga a Falo y sus pinchos

Ahora me volví rastafari. Era un cabrón universitario que merodeaba por la tienda Gravity antes de convertirse en los boots mierda que hay ahora en Plaza Las América. Cojones, yo estaba con toda la indumentaria. Mi correa tri colores verde mierda, amarillo mierda y rojo como culo hecho sangre de Arango representando al rastafarismo. Yo estaba a otro nivel social. Me lo viví. Fume pasto, pasto con cojones. Fume pasto pa encajar con el corillo. Meterse yerba era cool e ir a conciertos de Cultura Profética en locales cerrados era una invitación a salir arrebatado y fallar un dopaje sin la necesidad de meterte una jalá de fili alguno, qué carajo, si eras fumador pasivo de decenas de yerberos. Pero la escena de los rasta estaba lleno de posers. De gente que simplemente seguía una moda y que de rasta lo que tenían era los mismos que tenían de revolucionarios los que se ponen las camisas del Ché y comen en un McDonnald’s. So que me cagué en mi madre. No me sentí a gusto. El rastafarismo es algo más que simplemente Bob Marley. ¿Dónde están los grandes cultivos de marihuana? ¿Dónde está el tributo a Haile Selassie? No lo vi en ningún lado. Aparte que no me sale bien los dreads, máxime cuando no tengo cabello y solo mierda en la cabeza. Así que lo abandoné.

Intenté ser metalero también. Me vestí de cuero, pantalones gastados y rasgados e intente que todas las t-shirts que podía encontrar fuera o una de dos de lucha libre o de bandas de rock. Yo pensé que se escuchaba Enter The Sandman en repeat por 12 horas y bebía tanto alcohol que haría que James Hetfield se sintiera abochorndo de mí podría encajar bien cabrón. Pero tu sabes. La gente rápido decía que los roqueros son puercos y eso. Bueno, yo soy puerco. Pensé que era parte de la indumentaria. No limpiarse bien el culo y andar con un flow bien lento… tu sabes, me tatué un bicho con cuernos, mochaba, era el terror de los mosh pits. Pero la verdad es hija de Dios y hermana mía. Era un welebicho infeliz. El rock me puede mamar el bicho en especial el metal. (Lo dije, me pueden mamar el bicho luego de acabar el post jeje)

Me resigné en mi vida, el metal no era lo mío. Los metaleros siempre tenían una mierda de vivir acomplejados con el reggaetón. Eran como que la sombra de ellos. Los reggaetoneros esto, los reggaetoneros aquello. No sé que bicho pasó pero tanta era la envidia que sentían los mismos que me cucó la idea de regresar al ambiente que abandoné. Corté con tijeras mi camisa de Iron Maiden, quemé mis posters de Metallica, borré los pentagramas de la pared y vendí en Clasificados Online mis mesa de rituales para sacrificar gallinas a nombre de Satán y me metí de lleno al círculo de los cacos.
Vaya es mi sorpresa que cuando regresé me encontré con cabrones con mohawks, cabellos pintados de colores rosita o amarillo pollito, pantalones pegados, carabelitas, estrellitas y gafas de neón. ¿Qué bicho pasó aquí? Parecía que andaba dentro de un anuncio de Fanta en un noviembre en el cine de Caribbean Cinemas de lo absurdo que eran las cosas. Me cago en tu madre, lector, te digo. Yo entré buscando refugio en el reggaetón  y acabé en el maricotón. Con gente más poser aún que no solo juran ser cacos y maleantes sino que gustan del recortarse y escuchar Skrillex para causar pánico y terror en los viernes en la noche en Plaza del Sol

La vida mía me dio vueltas. Esto estaba extremadamente pendejo. ¿Acaso yo no tenía dónde ubicarme? Pensé que era caso perdido. Al día siguiente llamé a mi jeva (de turno) y le dije que quería verla. Me arme de valor y le dije: “Oye mija, aceptame como soy, puerco, sucio y desempleado o te meto en la bemba”. A la cabrona se le aguaron los ojos, se puso colorá, me agarra la maseta por encima del pantalón y me dijo “Merdócrata, basura de hombre, te adoro y creo que te amo.”

Luego de un grajo intenso, donde sus senos rosaban con mi camiseta de “Eso Vale”, coloqué mi sobaco pelú alrededor de su cuello y nos dirigimos a Marshalls a probarnos unos mahones putis y calzoncillos Tommy Hilfiger.

13 pensamientos en “Merdócrata A La Moda”

  1. Seguir una moda, un “flow” o un estilo SÓLO x complacer a alguien es mandar al carajo tu individualidad!!! Dejar d ser tú para ser un/a monigote d mierda q está al antojo & merced d un mundo inconformista & q c sólo viven d aparentar lo q NO son!!! EXCELENTE & ♥ it… sobretodo pq decidiste serle fiel a la mierda d hombre q eres aunq ver unos dreds hechos d mierda tiene q estar cabrón!!! 10 chocolates Merdoman!!!

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