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Jangueo Intenso con Avelino

Diablo mi gente no se si ustedes los había pero supongo que no porque obviamente no he hablado de ésto nunca pero yo soy una persona de costumbres y una de las costumbres mas bellas que tengo es que por cualquier motivo yo creo una celebración. Desde mi primera casqueta, hasta el cumpleaños de mi rompimiento con La Mujer Caballo. Cualquier cosa es justa para poder comprar una cajita de cervezas y buscar la excusa perfecta para coger una juma. Ésta vez pues me tocó el motivo de celebrar un año más dentro de mi apartamento. Un apartamento que no es que sea lujoso ni mucho menos pues toda la mierda que he decorado aquí las he comprado en All Ways 99 de Caguas y la comida de aquí no pasa de sopitas Ramen de 49 centavos, y cuando quiero darme una comidita más fina me como unas sopitas Ramen… de vaso, de 59 centavos; pero igual es un lugar especial para mí. Es un apartamento donde he vivido muchos momentos inolvidables. Momentos donde que si las paredes hablaran podría recordar tantos hermosas escenas vividos en éste cantazo de ratonera el cual tengo el placer de decirle hogar.

Anyway, la cosa es que ayer me di a la tarea, luego de negociar los chavos de la Tarjeta de La Familia la Tarjeta Violeta con un pana pinchero, de comprar unos drinks especiales porque era el día de rendirle tributo al lugar donde he hechado mis más celebres polvos, donde mi pene pernocta y la mujer de turno yace inconsciente cuestionándose qué carajo hace con éste ser de cabeza de mierda y mastodóntica pinga. Fui a Amigo de Palacios en Bayamón (mejor pueblo del mundo por más mierda que hablen) y me puse a irme de góndola en góndola buscando las bebidas de gente grande y vi de todo: José Cuervo, Babardi, Black Label, uff bebidas “fuertes” de esas de chamaquitos que frontean que beben. Yo soy ya un señor mayor y mi cuerpo no está para esa mariconería de juventud. Así que busque algo que le diera sentido a la ocasión. Era un día especial. Quería pasarla cabrón y joderme bebiendo como un campeón. Quedar inconciente y no arrepentirme un bicho de lo que hice, así que hice la elección perfecta…

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Compré Smirnoff de Manzanita Verde, YES!!!

La noche es joven y yo, tu sabes como soy yo. Yo bebo y me descontrolo. Se donde me tomo la primera botella pero la última se me olvida. Pero igual estaré en mi casa so que no tendré que portarme bien en la carretera ni me meteré en líos en peleas de gasolineras Puma. Solo su amigo inexistente, Merdócrata, mis birras y mi apartamento. Recordando momentos especiales hasta que la última botella de fuerte alcohol caiga de mis manos y quede dormido en los brazos de morfeo.

Llego a casa y puse las Smirnoff Apple a enfriar en una neverita de “fóm” (también comprada en Amigo) porque para momentos especiales yo no escatimo en gastos para que la velada sea especial, me olvidé de la nevera que gracias a los voltajes ya yo no sé lo que es comerse una carne sin riesgo a contraer salmonera, y esperé casi 3 horas en lo que se enfriaban las cervezas. Cuando pensé que estaba el momento bien chilling de mis bebidas, abro la neverita y tremenda sorpresa la mía cuando me di de cuenta que no puse el hielo. ¡Qué loquillo!

Voy a la gasolinera Shell donde le hecho de un poco de veneno gasolina a mi carro y me dirijo a comprar 2 bolsitas de hielo a precio que si fuera 1999 te cagarías en Dios y los meto en el baúl de mi carro.  Cuando me dirijo a estartear el carro me encuentro a nada más ni nada menos que a una de las glorias de la década de los noventas. El Dennis Rodman de la televisión y padre de un hijo reggaetonero (él no tiene la culpa) el señor Avelino Muñoz Stevenson.

Empezó una de las conversaciones más importantes de mi vida:

– ¿¡Avelino, quiéres ir a casa a tomar cervezas!

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-Dale, ok.

El corazón se me quería salir del pecho pero no era para menos. Tenía una celebridad montada en mi carro y el pueblo de Puerto Rico me podía mamar el bicho. Llegamos a casa y chacho ese hombre no salía de su asombro. No es para menos. Seguramente se dio de cuenta de los múltiples retratos que tengo encuadrados con su imagen y cómo aún conservo con sumo cariño mi camiseta con más de una década alusiva a la candidatura de Avelino Gobernador que arrancó el susodicho personaje en su desaparecido programa de TV “Cosas que Pasan… con Avelino” donde aquel que lee ésto y no comprende ni bicho de lo que digo, era una versión criolla de American Funniest Home Videos solo que Bob Saget es un pela bicho al lado de ésta eminencia de los medios, Avelino, con sus ocurrencias y pelo multicolores que lo hacían ver cool y radical.

Pusimos el hielo en la neverita y comenzamos a hablar de cosas de la vida. Yo siempre he considerado a éste caballero como una enciclopedia viviente pues parece que irradia un feeling a como si estuvieras en el papel del nene pendejo que salía leyendo el libro de The Never Ending Story, siempre hambriento por conocer más y más. Le pregunté a Avelino de todo: sobre qué es lo más importante de la vida, que si era temeroso de Dios, quién ganaría en una pelea a muerte entre Roy Brown y El Topo. Temas profundos que definen la humanidad de cada individuo.

Todos estos conocimientos sirvieron como bálsamo para mi mente y espíritu. Unas de las conversaciones más inspiradoras que he tenido el placer como ser “humano/mierda” reside en mi corazón. Las Smirnoff se enfriaron y le dije a Avelino:

-“Ya están las frías”

-¿Qué es eso?, me cuestionó mi ídolo.

-“Smirnoff. Manzanita verde, duh!”, y se la entrego en la mano.

Noté como que algo le pasaba a Avelino porque esa jodienda de tener la cara colorá, los ojos rojos y grandes como los de un personaje de Los Simpsons no me cuadraba.

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Supongo que no se había tomado las pastillitas de la presión (él es un sujeto, quizás algo mayor, tu sabes) y nada, me volteo para buscarle a mi Dios de la televisión un medicamento en la lacena. Sentía a Avelino muy encojonao’, supongo que era la falta de putas, buenas jevas o música cocola, en el apartamento. Entonces cuando agarro las pastillas de la lacena. ¡PUM! ¡No sé qué carajo pasó! Todo se desvaneció.

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No recuerdo nada de lo que pasó después de ése momento. Solo les puedo decir que temo por la seguridad de Avelino. Los escrines de las ventanas rotas, los muebles con el relleno por fuera, hielo en el piso, botellas rotas, un mensaje escrito en mierda en el espejo del baño que decía “GRACIAS POR NADA” y, aunque ustedes no lo crean, con una botella de Smirnoff Apple metida en éstos mismísimos momentos en el culo.

Aunque tenga el tira peo rajao’ por el medio, he dedicado un tiempo de mi inactividad en el blog para hablarles con alegría y preocupación.

Alegría porque tuve el privilegio de conocer y compartir en persona con una hermosa persona como Avelino Muñoz Stevenson.

Preocupación porque no sé cuando volveré a ver a mi ídolo. El grande. Avelino.

Donde quiera que estés espero que la hayas pasado cabrón. No recuerdo bien lo mucho que nos divertimos Avelino, pero quiero que sepas que en mi subconsciente quede los gratos recuerdos que supongo que pasé contigo. Eso me pasa por no saber beber así como tú. Un hombre de clase.

Ahora si me disculpan, me retiro, que tengo que recoger la casa por si me encuentro en la gasolinera a El Cano Estremera y  cagar la mitad de lo que me queda de una botella.

Los amo en Cristo.