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Sexo Satánico

Allá para el siglo 20 como para el año 1997 yo era un tipo que estaba en ná. Dolido por pasadas experiencias y sobreviviente de vivencias en donde aprendí a ser mezquino con las mujeres para poder desarrollar una coraza que me hiciera a prueba de pelos de crica, me puse a vivir la vida al máximo. ¿Cómo? Intente muchas cosas. Tratar a las mujeres como mierda, objetos, instrumentos de satisfacción etcétera, tu sabes, cosas que un buen hombre hace para poder cumplir con su cuota masculina. Ser macho es cosa seria para mí. No soy una persona muy sentimental en lo que se refiere a las artes del querer. Rara vez amo; de hecho lo evito. ¿Por qué? Bueno, entiendo que el amor es algo que complica las cosas en una relación. De hecho. Qué carajos. Ni relación es lo que quiero, o a menos quería durante esa época noventosa. No. Quería ser libre. ¡Oh si! Lejos de responsabilidades y de cabronerías que me afectaran mi mente. Yo… pues, hablando claro, yo quería chichar. Pero aunque yo solo quería chichar, como dije anteriormente, había algo que me preocupaba. Yo era y de hecho sigo siendo un tipo con cierto tipo de “necesidades especiales” y siempre deseo, mientras sea posible, disfrutar de los placeres de la vida. Los míos, personalmente, son muy peculiares. Me gusta atacar sexualmente a mis parejas mientras duermen, comerles las totas sorpresivamente, abofetearles en la cara con el trapo de bicho mío, y meterles el dedo en el culo como muestra de afecto. ¡Pero yo quería más! Soy un dinámico en el sexo.

Quería comer culo (de mujer), devorarle la crica a un jeva, chuparle las tetas a la mujer más mezquina de Trujillo Alto, soy un depredador sexual de fetiches nauseabundos y devorador de almas de mujeres en pena gozosas de buena maseta. No puedo lidiar con tanta presión. El bicho lo tengo hecho un pretzel de tan bellaco que estaba, cuestionando, lleno de interrogantes sobre cómo satisfacer estas necesidades biológicas que tanto alteraban mi cuerpo y alma. Entonces no pude más. Tomé las llaves del carro y escapé; bueno, escapé de mi hogar pero no de mi mente fresca, nauseabunda y ninfómana que solo piensa en los más grandes placeres que un hombre tan enfermizo como yo pueda tener. Conduciendo en mi vehículo de motor reflexiono al respecto. Llego a una calle sin salida y paro en seco. Vi algo que me deja perplejo. Bajo una caja de cartón veo una pequeña perra, chichuahua, media sata, pequeña, con las tetas inflamadas y unos perritos mamando del sabroso néctar que emana de su madre. Me di de cuenta de una cosa. ¡Eureka! Quiero chichar con perras mujeres embarazadas.

Es entonces cuando me doy a la tarea de visitar chicas de todo el país, en especial mujeres preñadas de áreas olvidadas de Dios como Adjuntas, Aguas Buenas y Maunabo, pueblos en donde aún los machos chingan y preñan a sus jevas solo para tener mano de obra para poder recoger el tabaco, tu sabes, tierra de nadie. Tenía tantas ganas de chichar y tantas mujeres con ganas de ser agradecidas de un pingazo de su amigo inexistente Merdócrata que… Dios mío, el cielo era el límite. Fui a tanta barra de mala muerte veía, interactuando con tantas barrigonas como me fue posible, sea pagándole tragos y pagándole cigarrillos Marlboro pero luego de tantas citas a ciegas con mujeres y de muchos intentos infructuosos logré dar con una que se dignó en abrir su corazón. Su nombre era María, ella era del pueblo de Trujillo Alto, un pueblo en Puerto Rico en donde la gente sabe que existe en el mapa pero jamás han pisado suelo en él. Dentro del Área Metro pero perdido en tiempo y espacio en donde la gente aún cortan caña de azúcar en temporada de zafra y tabaco creo que era un lugar idóneo para poder hacer mi fechoría sexual.

María era una mujer de mediana estatura, ojos verdes  y redondos, blanca, pelo rubio de farmacia y con un hedor a mentol penetrante. Cierren los ojos e imagínenla. Sus tetas eran medianas pero respingadas, buen culo, piernas gorditas y una panza descomunal producto de sus casi 9 meses de gestación. Todo un personaje. Cualquiera que la ve de frente pensaría que es de parcela. ¡La típica mujer boricua! Me le acerqué con sigilo y le dije “vaya grilla que dura estás, te daría un pingazo en este momento”. Eso a mi me funciona con todas las jevas. La tipa se viró, pude oler sus jugos vaginales y me responde “wau, solo un macho muy seguro de lo que quiere puede hablarme de esa manera”, y me agarró la pinga y se puso de rodillas y me lo empezó a mamar como si nada. El cajero se puso nervioso y se marchó. ¡Perfecto! No me agrada que hombres se masturben mientras le meto mi pingasaurio rex a una jeva y así fue. Ella me desnudo, mi maceta estaba encendida, ella con su ropa aún, luciendo unos mahones rotos, con su camisa del perrito de Taco Bell bien afuego y esa mirada que decía “dame esa pinga, welebicho” me puso tan excitado y tan caliente que la cogí del pelo, le metí una galleta y la reventé contra la puerta de cristal de la nevera donde estaba los jugos Snapple.

La chica calló inconsciente en el suelo y en su frente se dibujaba un puntito rojo. Me estuvo curioso. Pero pronto es punto rojo se transformo en ríos de líquido rojo y viscoso. El tiempo se congela. Algo no andaba bien… Heme aquí, asustado, helado, paralizado ante la escena que tengo frente a mis ojos. Una mujer embarazada bañada en un charco color carmesí de sangre y yo como un welebicho sin saber qué hacer. Muchas fueron las ideas que pasaron por mi mente en ese instante. Ir preso, el culo devorado por O.G. Black o cualquier pingudo afrocaribeño, ser la puta de alguien, sobrevivir, pena de muerte, dejar de escribir mierdas por internet… pensamientos que ponen a una a reflexionar en una escena del crimen en donde no tienes ni puta idea qué hacer. Acerqué mi rostro de mierda a su pecho, quería escuchar su corazón, nada de nada, revisé sus ojos, dilatados y perdidos, no parpadeaba… ¡mierda!

Comienzo a frikearme, lloro, mira a todos lados mi pongo de rodillas frente al cadáver de la futura madre irresponsable y me llevo mis manos ensangrentadas a la cara… Las veo. Veo la sangre, puedo sentir hasta el sabor metálico de la misma, se me eriza la piel y casualmente se me para el bicho. Sí, se me ha parado el mamerro viendo la escena. No sé por qué culos pasó pero la pinga me azotaba el ombligo. Estaba bien bellaco. No podía creer que esta escena tan macabra se volviera una sumamente cachonda. Yo desnudo frente al cuerpo inerte de una embarazada. ¿Qué podía hacer ? Lo más sensato: le rompí lo que le quedaba de ropa, le baje los mahones mierdas que tenía, le arranqué su fokin camisa. Le bajo las pantaletas y le inserto el miembro con furia. Saboreo sus pezones prietos por el embarazo, mordisqueo su ombligo brotado y sigo atornillando mi bicho en ese bollo mojado en glóbulos blancos y rojos. Pero de momento…

¡¡¡¡AAAAYYYYYYYYYYY!!!!!1!! Tremendo pinchazo siento en la cabeza del bicho. Saqué la tranca rápido como una bala y vaya sorpresa la mía cuando veo que tengo guindando del miembro un bebé 9 mesinos. ¡El muy cabrón estaba furioso! Me mordía la maseta y yo no sabía qué hacer. Gritaba adolorido, pero tenía que hacer buche. “¡Estás en una escena del crimen, cabrón!” me decía en la mente. Tuve un forsejeo con ese escuincle que seguro estaba rabioso porque yo, accidetalmente maté a su mami. “Socio mala mía, no era mi intención”, le decía al cabronsito para que soltera mi virilidad. Recurrí a la fuerza. Le metí puños, picadas de ojo pero nada de nada. Me revolqué en las góndolas, resbalé, caí, me espeté una lata de habichuelas coloradas GOYA en el medio de la espalda. Pensé de momento que quedé parapléjico pero la visión breve de estar en silla de ruedas y hacer programas para cabrones de 10 años para abajo me hizo obtener fuerzas, así que cojí al bebé de sus pequeñas piernas y lo halé bien cabrón y pude ver cómo es que se desgarraba el prepucio de mi trapo de bicho gracias al mordisco del hijo de puta y el tirón.

Sangre en mi pinga… terror… un bebe llorando, botando espuma en la boca, con los ojos rojos de cólera .Observé detenidamente su rostro y tenía como que dos cuernitos brotándole de la frente. No sé, quizás eran chichones de los puños que le metí o algo así. La cosa es que el cabrón abre su boca y me dice “Merdo, hijos de puta, el bicho o tu alma”.” ¡El bicho! Por supuesto”, grité yo. Huy que susto, puñeta. Comenzaron como que no sé, a brotarle unas alitas por la espalda y yo como que pal carajo, fui corriendo al baño de la gasolinera e hice lo más sensato: metí al bebé demoniaco entre la bacineta y la tapa del inodoro y comencé a cerrar y abrir la tapa del inodoro fuertemente. El gritaba. Le estaba aplastando el cráneo con furia. Esto estaba más feo que una cagada en Dios en Viernes Santo. Se cagaba en mi madre, blasfemaba, decía cosas hirientes, que lo tenía chiquito, que el apocalipsis se acerca, que Luis Fortuño regresará al poder. No pude más. Puse mi culo frente a su boca nauseabunda y cagué un mojón kilométrico. Vi como se le llenaba la boca de mierda y como la tráquea  se le cerraba y poco a poco dejaba de patalear; no perdí tiempo, lo eché en los orines rancios y flochié el inodoro.

Escuché el sonido de las sirenas. La policía se acerca. Un hombre desnudo al lado de un cadáver y con el mamerro parado es evidencia fara que le echen 40 años a perpetua y me largué no sin antes graparme el pellejito del prepucio y me fui a la fuga. Rápido encendí mi radio y puse la estación de la policía. Buscaban un sospechoso, humano, cabeza de mierda. ¡Ea puñeta! Descrito de arriba abajo así que hice lo más sensato y me dirigí hacia el Comité del Partido Nuevo Progresista más cercano y solo fue así como logré que perdiera la policía la pista.

Hoy por hoy mis gustos en las mujeres han cambiado constantemente y me he dedicado a escribir blogs y adoro contar mis vivencias, pero si de algo he aprendido. Les digo, el amor de una madre es fuerte pero más amor le tengo al bicho mío. Ahora cada vez que veo a una perra preñada solo puedo pensar en 2 cosas: en como se me para el bicho y en esa noche donde violé un cadáver y un bebé enviado por Satán me mordió el bicho.

Experiencias que contar…

Cromosoma 21 mis putos futuros hijos

Mi gente hoy ando trasnochado esta madrugada luego de empeparme con un medicamento que ni recuerdo que culo era con alcohol para poder dormir y me siento tan pesado y tan pendejamente mal que deposité el culo en esta silla para poder contarles a ustedes de una mierda que me pasó a mí años atrás a principios de los noventas. Esta mierda me vino a la mente gracias al puto sueño que tuve mientras dormía y que aprovecharé en estos momentos para poder contarles la historia de lo que me pasó a mí, no en el sueño, el sueño fue bien pendejo, sino lo que pasó realmente en ese período de mi vida tan echado a perder en donde su amigo inexistente Merdócrata hacía de las suyas antes de que internet fuera lo más cool y radical en Puerto Rico.

Primavera 1991, todo estaba cool, o al menos eso pensé yo. Rosselló se perfilaba como candidato a la gobernación de Puerto Rico, nuestra isla era una bomba de tiempo de maleantes a punto de salir a brote, las chicas empezaban a chichar como güimos desde las escuelas intermedias, el underground y hablar de culos, cricas y bicho era normal en la música y los nenes colgaban cintas en las ramas de los árboles para crear un “arbol de la esperanza” esperando que los soldados que iban a Iraq regresaran con vida (y con el bicho sin anthrax). Yo, estaba en ná, pero cuando no. Siempre en la mía, buscando hasta por debajo de las piedras a la próxima chica pa’ yo mandarle bicho. Estaba bellaco, quería chichar. Tenía esa mierda de que siempre me levantaba con el bicho parao’ y aunque me jalaba una casqueta matutina para resolver como fuese, siempre tenía la mierda de no quedar satisfecho y entonces es cuando tenía esa necesidad de salir de mi apartamento, prender el carro y buscar por ahí la jeva más puta que pudiera conseguir.

Soy un tipo labioso. Creo que es una de las cosas que a mí más me cualifican. Puedo tildar de puta, cochofle y cuero a una mujer y más bellaca se pone la cabrona. ¿Por qué? No sé. Quizás es que mi bicho se marca tanto por encima del pantalón que ellas le hacían caso omiso a lo que decía mi boca y escuchaban más a mi pinga y esta pinga lo que decía era “puta, te quiero partir”. Creo que eso fue lo que pasó cuando conocí a esta chamaca en una gasolinera. Uff, ¡Pero qué hembra! Una chica ahí petite en su punto, con unos cocos bravos y redonditos, mahones Pepe que dibujaban un nalgaje cabrón, cabello castaño largo y lizo, ojos café achinaditos.  Puñeta, que tronco de hembra. Empecé a hablar con ella y eso y ella me menciona que ella trabaja en esa gasolinera hace unos meses porque necesita costear el pago de su carro porque estudiaba para algo que no me acuerdo si era Administración de Empresas o Contabilidad… una mierda ahí. La cosa es que la invité a salir par de veces. La tipa no era una cosa de otro mundo, pues no era una Miss Universo ni una cosa por el estilo. Digamos que una girl next door pero con buenos atributos, yo como que la llevaría a comer mantecados o algo así, supongo.

El tiempo pasó y ya me asqueaba ir al cine y le dedicamos mucho a la chichaera y al vacilón. A la tipa le metía el bicho con gusto y ella siempre me pedía más. A veces ella cogía el bicho mío y lo ponía directamente en su hueco anal para que se lo emburrara. Cosa cabrona, pero más cabrón era el ver a ella sacarse el bicho mío de su culo y volverlo a mamar. ¿Uff, a quien no le para el bicho esto? No me podía quejar del sexo, de eso estamos claro. Pero poco a poco el sexo llevo a otras cosas y esta tipa no era de esas que solo quiere chichar y ya sino que estaba empeñada en que tuviéramos algo más allá. Es algo que no tengo en mis planes casi siempre que meto pinga a una mujer, pero qué carajo, una mujer que daba el culo quizás valía la pena. Aparte era los noventas, eso de mujeres dando el culo no estaba aún de moda. Anyway, la historia sigue con esto de que ella quería que me relacionara más familiarmente y que tuvieramos una formalidad de pareja, so me invita para su casa.

¡Vaya casa! Era una de esas casas con muchos cuadros y temas boricuas. Que si un Albizu por ahí, un Betances por acá, música de salsa de la vieja guardia y un afiche bien cabrón de Ismael Rivera que cubría una pared casi entera. Ella me dice que tomara asiento y que sus papás no estaban. Yo me estaba amolando el bicho, tu sabes, chingar bajo la presencia uno de los máximos exponentes del perico como Ismael Rivera no se da todos los días. Ella me ofrece un vasito con agua. ¿Agua? ¡Qué cojones! Pero lo que sea por echar un polvo. Le acepto el agua, me la trae bien fría y ella me dice que espere un momento que va a atender un asunto. Se marcha de la sala y suba unas pues su casa es de esas de dos pisos y yo, ingenuo (y bellaco) al fin pensé que se estaba preparando nuestra noche de sexo desenfrenado. Pasan como 5 minutos y de momento escucho como si un objeto de vidrio se hubiera roto y unos gritos. ¡Me preocupe! Me acomodé el bicho bien en el pantalón y subo las escaleras y sin abrir la puerta donde estaba mi chica escucho unos gritos de hombre blasfemando y diciendo “ME CAGO EN LA OSTIA NO MÁS CHEF BOYARDEE!11!, fuckin Puta!1“, quise entrar a la fuerza, no dejaría que un welebicho le hablara así a mi jevita y cuando abrí la puerta me encontré con semejante aberración de dos patas que me mira simpático y saluda diciendo…

“¿Quiéres fumar?”, mi hermano para qué fue eso. Solo a mi chica se le ocurre vivir sola con semejante espécimen. Yo me asusté. Ella me lo presenta. Me dice “El es José, mi hermanito especial”. Yo no sabía ni donde poner la cara. Tenía miedo a la reacción de semejante monstruosidad. Yo te digo que nunca me sentí tan incómodo en mi vida cuando ese ser “humano” se me acercó y me dio un abrazo y un beso de cachete. ¡Trágame tierra! ¿Qué podría ayudarme a salir de esta mierda? Sencillo, los gritos de 2 voces de muchachos con un impedimento del habla. Cada uno de ellos hablando de comerse el culo el uno a los otros y mi pareja con cara de molesta.  Va hacia la habitación y qué se encuentra, imagínate, proyecta en tu corazón lo siguiente, imaginate dos de los seres más jodidos por Dios. “Personas” que era más humanitario colocarle cianuro en el bibi para ahorrarles un sufrimiento por parte de la crueldad que recibe este mundo. Hombre, yo siendo el doctor a cargo del parto de estas criaturas de mierda dejaría un revolver con 3 balas para que se llevara fuera de este mundo a esos 2 putos hijos hijos que jugaban Ninja Gaiden en el Nintendo de ellos y una bala para la madre para que acabara con ese sufrimiento de traer a esas 2 bestias de la noche en el mundo.

Los otros dos muchachos se podrían describir de una forma muy abstracta, eran gente que simplemente no se veía bien. Yo solo puedo utilizar imágenes para que ustedes, cabrones, tengan idea de más o menos como se veían estos cabrones.  Uno de ellos se parecía al malo de Robocop cuando le calló tóxico y quedó hecho mierda y el otro hijo de puta a Toxic Avenger.

 

Tu me entiendes, yo no me sentia cómo con tanto adefecio a mi lado. 3 bestias horripilantes emparentadas y pasándola cabrón. El distrofiado que gritaba por los Chef Boyardee entro a la habitación de los hermanos físicamente descojonados y se puso a obligar a sus hermanitos a que le diera breik de jugar también, y yo parado en una esquina de la habitación mirando lo que estaba pasando mientras que mi chica estaba preparándole Chef Boyardee a su hermano en la cocina porque el cabrón estaba muy selectivo. Vi entonces algo que colmó mis límites, inclusive las del merdo. Uno de los chamacos se puso como loco, viendo a su hermano tratando de pasar una de las tablas de Ninja Gaiden y se puso no se cómo, como que bellaco y se bajo los calzones y comenzó a tocarse la matraca y el otro hermano empezó a hacer esa mierda y el que estaba jugando se le estaba parando el bicho y yo como que ok, pérate, en este cierculo de cromosomas descojonados y patería incestuosa yo no cuadro, e hice algo que jamás hago: medité.

Pensé cómo culo sería mi vida con una chica como esta en donde yo tendré que hacerme responsable de estos tres sub-humanos cuando sus papás fallezcan. ¿Merezco vivir la vida así? Con un miedo a preñarla y tener hijos propios que me salgan tan descojonados como sus hermanitos de mierda? Yo no quiero hijos feos, fuck, pal carajo los hijos, yo no quiero un embarazo no deseado y el nene que tenga sea más feo que una cagada en Dios en Viernes Santo. ¡Deja eso! Yo soy Merdócrata, el escombro #1 en la red pero en esa década yo era Merdócrata, el escombro #1 de Bayamón que valoraba el bicho y sus espermatozoides con mucho recelo. Así que no pude más, mi mente me traicionó. Decidí que lo mejor era irme de allí. Baje las escaleras, la vi a ella por última vez. Estaba calentando los putos espaguetis y el bicho se me paraba. Pero no puedo hacer nada más. Hice un retrato mental y lamenté no decirle un adiós. Un deseo. Un te quiero. Simplemente abrí la perilla de la puerta que me llevaba a ese mundo exterior y escapé a la realidad.

Hoy por hoy no recuerdo en qué parte de Bayamón es que sucedió el evento. Una gran casa blanca en la Urbanización Estancias de Cerro Gordo. Si, creo que allí fue. Si conoces el lugar, revisa, ten cuidado, aún no sé si sigue ahí. Yo no quiero volver. Me pregunto si aún llora mi partida mi querida.

Quiero olvidar…

Días después tomé un avión y a Barcelona me encomendé. Una noche olímpica de sexo desenfrenado y crica hispánica encontré.

Pero eso, mis amigos, eso es otra historia…

 

Bellaqueo 1997

¡Ah! Recordar es vivir compañeros. Nada como recordar esas acciones que le dieron chiste a nuestras vidas a pesar de los buenas o malas que sean. Eso es mierda, recuerdos son recuerdos y ellos nos hacen la mierda de ser humano que somos nosotros. Dedicado a los momentos inmemorables de mi existencia, quisiera remontarme al año 1997 donde el bellaqueo intenso no tenía límite. La joda y el vacilón estaban por doquier y el tener putas era casi obligatorio.

¡Qué tiempos aquellos! Algunos se preguntarán qué tan bellaco yo era para ese tiempo. ¿La respuesta? Mucho. En serio para esa época lo único que tenía en mente era puñetearme con furia y joder con los panas. 1997 era la época del despertar de la joda. Yo no era tan chamaco tampoco. Yo ya estaba en mis andanzas. Me recuerdo cuando por ejemplo en una de mis andanzas me fui a pie a la gasolinera cerca de casa. Digo cerca porque está como  a 5 minutos en carro, pero 30 minutos a pie. Llevaba conmigo un menudo de esos que uno recogía sacando los cojines que hay en el sofa y rebuscando en el asiento del carro que tenía papi. Llegaba a la gasolinera, compraba El Nuevo Día y me regresaba de nuevo a casa. Ya saben, 30 y pico de minutos más y uno con el bicho palpitándole. Uno nunca se acostumbraba a las putas que salen en los shoppers de Sears de la misma manera que jamás uno se acostumbra en pedir pon pal cielo. ¡Cuánta bellaquera! El prepucio lo tenía al rojo vivo. Esa sección de pantis y brasieles terminaba siempre enlechado y no es para menos. Wao, como cuantos abortos de espermatozoides dejé en ese año, yo no sé pero si mi semen pudiera fecundar papel, las cabronas del shopper estarían preñadas y yo con hijos de unos putos 14 años de edad en el día de hoy.

Mira mis bellaqueras también fueron complejas. ¡Cómo jodía yo con los chats! Wao, me recuerdo como si fuera ayer cuando me hacía pasar por una bucha en la sala de lesbianas y me hacía llamar “GatitaLesbi4U_69” y cómo es que empezaba esa bellaquera digital. Yo era un bellaco listo. Tenía unas fotos siempre guardadas para mis putas amantes del ciberespacio que quisieran saber un poco más de mí. Obvio, porque con mi estilo de hablar y naturalidad a la hora de hablar de culos y fluido vaginal, esas mujeres se ponían re-putas y siempre pensé que metían un bicho  doble cabeza entre crica e intestino. Digo, también puede ser que muchas de esas de las que yo bellaqueaba eran igual hombres que se pasaban por mujeres, pero yo soy un hombre de fe, estoy más que convencido que con mi intelecto yo con los que bellaqueaba eran siempre mujeres. Soy Merdócrata. Soy infalible en el bellaqueo.

Las veces que me ponía mis camisas hawaianas y andaba con $5 dólares encima. ¡Qué tan putas se ponían las nenas de la escuela! Ellas querían janguear conmigo. Yo me compraba un Big Mac agrandado, ya tu sabes, y lo pedía pa’ llevar y pasaba frente al comedor en especial cuando veía a las chicas que me gustaban y hacía todo tipo de gestos moviendo la bolsita con la comida dentro, para que tuviera yo la esperanza de que una de esas cabronas sintiera ese aroma a papitas fritas y aceite viejo, dejara de comer su arróz y habichuela y se pusiera putísima conmigo, todo por, tu sabes, darle un ñaqui a mi Hamburger. Ya sabrán ustedes a qué le dieron mordía. La comida pone puta a cualquier mujer, en este caso a las jebitas del salón.

El bañarme con ducha calientita y comenzar a jugar con la temperatura. Ponerla bien caliente como el hijo de Chemo Soto y su caso de drogas y fría como mojón de foca, era una sensación riquísima. ¿Pero saben que era más rico? Cuando ponías esa ducha y dejabas que esa agua a presión te tocara la cabeza del bicho. ¡Sabrosa sensación! No puedo pensar mucho en esa mierda porque se me para el bicho, ups, bueno, yo lo tengo parao desde que comencé  a escribir. Pero te digo, no hay sensación más plasentera que llegar con un calor triple-hijo-de-puta, luego de jugar baloncesto con los panas, luego de comerles el culo (deportivamente) y celebrar como un campeón. ¿Cómo celebra un campeón? jajaja ya te conté, welebicho. Solo te digo que en la ducha me venía como un mamao y hacía soniditos casi mudos de “Uu…uu,,..uuhh,,,…puñeta…a…aa..”.

 

Pregunta abierta que le hago a todos estos bellacos y bellacas que leen este blog de mierda. ¿Cómo era el bellaqueo en tu vida allá en 1997? ¡Tira tu historia a menos que seas un mamabicho virgen y le tuvieras miedo a tu propio bicho o crica.

¿Yo?

Yo fui tan inocente, fui tan bellaco

La Vida Perra del Blogiante

Yo estaba echando gasolina por la mañanita tu sabes, porque iba a ir a “trabajar” y con la pelambrera que me caracteriza le metí $6.00 en el tanque. Me estaba distrayendo con el letardo que siempre hay cuando solamente falta 20 centavos para poder completar de fuletear ese carro que tengo y absorvida completamente en esa monotonía vi que al lado de mi carro había como 6 perros satos y pulgosos jodiendo uno con los otros. Entre ellos destaco una perra que estaba obviamente preñá. Se que lo está por el tamaño de sus tetas que rozaba el suelo. De momento vi como otra perra jugueteando le empezó a mordisquear las tetas a esa perra que estaba preñá. Esa escena no se me fue de la mente, tanto es así que lo he utilizado como introducción a este post de mierda. ¿Qué puedo decir? ¡Me chocó!

Entonces reflexioné en mi trabajo. No pude dejar de olvidar esa perra siendo mordisqueada en las tetas por otra perra que juguetona mamaba de la leche de la futura madre. Me dije a mí mismo “¿Cuándo será el momento que me toque mamar de la teta de la vida?”. Cabizbajo frente a mi computadora en mi bella oficina adornada de clips, papeles tirados, tinta de printer y un periódico destripado no encuentro más nada que hacer con mi vida, me importa un bicho todo, acceso Facebook y me dedico a ver todas las cabronas que me han agregado a mi cuenta y me pongo a ver sus galerías de foto para tazar qué tan grande tienen ellas las tetas. La sensación de imaginarme esos pezones que esconden esos bikinis y esas ropas de mujeres profesionales o britoleras (según la cuenta que acceda en el momento) me pone el bicho a dar fuete a mi pinga pidiendo “pon pal cielo”.

Tanta bellaquera no la puedo controlar. Si me hago una paja tengo que hacerla con proeza.

Pero de momento desconsuelo…

Me pongo a leer un blog de un cabrón que aprecio mucho llamado El Blogiante y leo un post de él en donde se sincera super cabrón por el hecho de que  él vive un dilema sobre que todo el mundo le gusta estar etiquetando las personas y que a él lo tildaron de Ivan Drago o una mierda así porque el tipo anda aborrecido siempre. Nada, accedan al enlace para que sepan de qué bicho hablo.

Pregunto. ¿Acaso no será la vida una perra y nosotros somos la otra perra que buscamos mamar de la teta de ella, así sea jugando?

Puede ser que sí. Yo creo que todos nosotros tenemos esa idea de que tenemos que vivirnos la vida porque sabemos de antemano que la nuestra es muy rápida. Algunos le importa un culo la vida al punto que hacen de todo hiriendo a terceros y muriendo en un residencial con tantos tiros en el pecho y cara que haría que la muerte de Robocop cuando era humano fuera auspiciada por Nickelodeon.

Pero también existen los que reflexionamos y nos recogemos a buen vivir. Nosotros los servidores públicos anónimos que ayudamos al prójimo en nuestro tiempo libre y que luego nos sentamos frente a la computadora durante el día para postear blogs sobre nuestros desamores y diarios reflexivos que enriquecen al ser humano en cuerpo y espíritu.

Soy un hombre sensible y siempre me importa el bienestar de los demás. Aunque tampoco soy hipócrita adoro el sufrimiento de aquellos que hicieron mal a nuestra sociedad y que ahora por ironías de la vida o por karma, están pagando el infierno aquí en la tierra (saludos al culo de Arango).

¿Pero seré yo quién yo creo que soy? ¿Seré ese híbrido de mierda y hombre simpaticón y buena gente que siento que soy?

Yo creo que la personalidad del ser humano no se debe de juzgar por un uno sino por un tres. ¿De qué carajo hablo? Fácil. Porque nuestro mundo ni nuestro comportamiento es juzgado por nosotros solamente sino por múltiples punto de vista y aquí les dejo una explicación

¿Quién yo soy?: Se trata de quién yo creo que yo soy. Cuando uno se para a hablar con una persona en el trabajo cuando eres nuevo o cuando eres universitario y te introduces con el corillo y les dices a ellos tu forma de ser. Dices que eres dinámico, capaz, hábil… ¡eres la ostia! Y la mierda es que te lo crees.

¿Cómo me ven?: Aquí se habla de mi percepción sobre cómo creo que los demás me ven a mí como individuo. Si creo yo que me ven como una persona fría y calculadora (saludos Blogiante) a pesar de que yo piense que soy un individuo mucho más complejo.

Lo que perciben de mi: Más que una interrogante, aquí trata lo que ellos ven de mí. Aquí es como ellos como individuos perciben a este servidor. Ellos juzgan y llegan a sus conclusiones. Esas conclusiones solo ellos la saben y yo posiblemente jamás lo sepa.

Por ende lo que quiero hacer entender es que uno jamás es lo que uno cree que es. Como cuando uno habla en una grabación y juras y perjuras que tu no hablas igual a lo que salió en esa grabación. ¿Por qué? Porque simplemente no estás en la misma posición. Todos nosotros vivimos tomando posiciones. Analizamos y juzgamos a nuestros semejantes. Aceptamos y discriminamos a quienes nos afectan como individuos. Somos seres complejos que deseamos entender y entendemos un carajo.

Pero la gente siempre busca por donde buscarle significado a las cosas donde no hay. Yo no puedo demandar ue me comprendan cuando lo que yo le mercadeo al mundo es una ilusión. Yo soy uno de esos pocos que me mercadeo tal y como soy. La gente cierra los ojos mientras me lee y piensa que este hombre con cabeza de mojón está desnudo frente a una computadora pensando en hablar nuevamente de cricas y culo en un post. ¿Yo no soy así… todo el tiempo. ¿Pero si es así como me ven los demás? Me importa un bicho. ¿Por qué? Porque después que yo me conozca a mí mismo me importa un carajo lo que piensen los demás de mí. Las redes sociales piensan que soy un bellaco con mucho tiempo libre frente a una computadora y la verdad es… bueno, que soy un bellaco frente a una computadora. Pero el mensaje no es ese, el mensaje aquí es, vuelvo y repito, no te preocupes por lo que piensen otros sino por lo que tu ves de ti mismo. Si eres una escoria de ser humano y tienes problemas en aceptar lo que eres esos son otros veinte pesos. Claro. Pero como la vida es karma pura, ya verás que todos aquellos que pensaban mierda de ti y te juzgaron a la ligera posiblemente son los primeros en que serán juzgados a la primera a la hora de tener un buen trabajo, conseguir una jebita, a la hora de chichar y quedarse arrollao’, etc. No hay peor arma que el karma. El karma es una perra a la que le mordisqueo las tetas.

Somos complejos… somos absurdos

…somos una perra preñá