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El Viejo San Juan: Turismo rompe culo

Mano, yo no soy una de esas personas que se la pasa en El Viejo San Juan. No sé. No me llama mucho la atención. No es porque no me gusta su historia ni sus alrededores. Para nada. Es el mero hecho que no me gusta mucho estar caminando mucho por lugares poblado de mucha gente. Me siento apretado y fino como peo de culebra. A esos casos respondo a un jangueo más pueblerino, ya tu sabes, a las barras de señores mayores donde recordar los viejos tiempos que “siempre son buenos” y hablar sobre el asesinato del niño Lorenzo y por qué García Padilla es o no es un cabrón mientras sientes el cantazo a Winston y perfume barato de Dakkar Noir. Pero la juventud llama a uno y yo, que no soy un teenager, a veces quiero presumir de que todavía aguanta una Calle San Sebastián o una caminata por El Paseo de La Princesa sin que se me salga un peo. Es por eso que me pasó por la mente darme una oportunidad y darle una visita a la capital de mi perdido país, Puerto Rico, San Juan, en especial a ese rincón turístico el cual llamamos El Viejo San Juan.

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San Juan. ¿Qué se puede decir de él que no lo sepamos nosotros? Un lugar de múltiples localidades donde el turista puede disfrutar de decenas de lugares de alto nivel cultural pero también de un alto nivel adquisitivo.

Yo no sé, en particular cómo es que en Puerto Rico tenemos una idea errónea donde pensamos que mientras más caro es el lugar más fino es. Miren, cabrones, podrá ser que sea más fino, pero no necesariamente se puede decir que se pasa cabrón y ésto que les voy a contar me pasó por cabrón, por huelebicho y masoquista pero me voy de culo que fue un mensaje del Divino Creador para recordarme el por qué no iba al Viejo San Juan para noches de jangueo intenso.

Les explico. Hace unas 2 semanas atrás tenía de visita en mi apartamento la visita de una amiga de años. Una amiga que vivió la vida al máximo. Que sabe lo que es joder y pasarla cabrón a lo Old Fashion. Jodedora desde los tiempos de En Casa con Juanma y Wiwi, tu sabes, que ha corrido mundo ya. Pero ella era de éstas personas que, al igual que yo, cuando querían calle, preferían la compañía de gente triste y despechada en un bar donde todavía se forran las paredes del baño con las mujeres del Bombón de Primera Hora en una jarda del pueblo olvidado por Job (Cayey) que irse al área metro.

Pero yo la convencí. Quise ser cabrón. Le dije que teníamos que salir de la misma mierda. Que teníamos que ir a El Viejo San Juan. Ella no se inmuto a aceptar. Seguramente compartía conmigo la idea de salir de lo cotidiano y pues, como yo también fui tan insistente, pues, no sé si fue por cortesía o por que no jodiéramos más, así que nos pusimos nuestras mejores ropas y nos fuimos a la ciudad capitalina y fue allí, en ese momento cuando vi por qué carajo es prohibitivo janguear allí.

Primero que todo, buscar estacionamiento es un bicho. Es un bicho porque esa ciudad jamás fue diseñada para automóviles por ende que todo carro queda pillado y para estacionarlo en una esquina de una acera (cosa que no hago así sea en una pista de aviones) yo soy un come mierda para eso, me siento obligado a meter el carro en un estacionamiento de esos multipisos. Es por eso que prefiero el Doña Fela.

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Pues ese día estaba putamente lleno. Estuve 25 minutos vagando en el carro chequeando dónde carajo lo dejaba. Estando a punto de resignarme y regresar al Reino de Bayamón de regreso me dio por pasar de nuevo al Estacionamiento Doña Fela y pude estacionarme. ¡Por fin podía comenzar mi aventura de jangueo!

nosoyverdeNada, saliendo del estacionamiento pasamos por las diversas tiendas que ofrece El Viejo San Juan. Mano, a mí me da pena decir ésto porque a mí me gusta respaldar lo que es nuestro, pero puñeta, El Viejo San Juan es como un China Town. Coño, de 5 tiendas que podía entrar a ver de ropa, accesorios y chucherías, 4 tenían mínimo el cabrón coquí verde, camisetas que puedes encontrar en Barbados o San Martín con un negro jamaiquino fumando un blunt, y mierdas alusivas a piratas entre otras cosas más. Los llaveritos que dicen Puerto Rico que atrás dicen “hecho en Perú” y cosas que un boricua y cualquier persona que haya pisado mínimo un Canton Mall por accidente sabe que todo lo que ves es fake y a unos precios bien hijo de puta. Lo que ves en una de esas tiendas se repite en las otras tiendas de alrededor.

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Anyway, luego nos picó el hambre y me pasó por la mente invitar a mi amiga a comer y yo, como soy un cheap ass motherfucker la invité a comernos una pizzita de esas que venden cerquita de El Paseo de La Princesa donde se para cerca guagüitas de comestibles, piraguas y otras jodiendas más. Mano, $5 dólares por 2 minúsculos trapos de pizzas que te juro por el culo que me cagó y me dio vida que era la pizza más mierda que he comido en mi vida. Loco, te digo, las pizzas Totino’s que venden a peso y pico en Amigo sabían superior y tienen un aspecto sumamente mejor a ese cartón con queso y peperoni que nos comimos. ¡Ojo! Eso no incluye el refresco.

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Ya que estaba en El Viejo San Juan pensé que más podría pasar mal. Mi gente, luego de caminar por todo El Paseo de La Princesa y llegar hasta la Puerta de San Juan enfrentándome a la peste a orín rancio que dejan los borrachos locales e internacionales decidimos que ya era hora de darnos una cervecita, pues coño, nos la merecemos. Subimos y caminamos como Forrest Gump luego de un mental breakdown y decidimos si entrar a una u otro local. Uno de los locales estaba lleno y eso a mí como que no me motivaba pues la verdad es que estaba lleno de muchachería y no sé, los ambientes llenos jamás han sido mi fuerte pues los considero pesados en especial cuando tengo a una invitada enchapada a la antigua. Así que pues, decidí entrar a una barra que se veía medio vacío a ese hora (picando las 7:00 PM) llamada Ostra Cosa. Es aquí donde comienza mi terror.

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Tiro el nombre porque me importa un bicho. Ostra Cosa. Ostra Cosa en El Viejo San Juan es sin lugar a dudas el motivo de éste post. Puñeta sí, porque lo que les voy a contar llora en los ojos del Niñito Jesús. Ostra Cosa es una barra/restaurante que creo que no saben si están localizados en El Viejo San Juan o en el puto Dubai porque puñeta jamás me he sentido tan asaltado en mi vida. Pues como ustedes, mi panita y yo queríamos darnos unas cervecitas mínimo para recuperar energías tras caminar esa longa en el Paseo de La Princesa y pues, parte de la dinámica de salir era pues, darnos alguito por cuestión de decir que nos dimos alguito en un lugar que no era lo mismo de siempre y miren que si que tenía razón con eso de que era “un lugar diferente”. ¿Ustedes podrían creerme que 4 cervezas Medalla me salieron en $20 dólares? Sí, como lo acaban de leer 4 Medallas por $20 dólares. Me cago en Dios.  Jamás en la vida me he sentido tan fuckingmente asaltado. Chacho, con $20 me compraba una cajita de Medallas y me las llevaba a casa. ¿Y saben lo más cabrón? Que yo tenía una cajita en mi puta casa. Gracias a Dios o al Diablo que no me pasó por la mente comprar Heineken en ese momento o que me pagara 5 rondas de cervezas porque sino tendría que sacar $100 toletes. Y eso que estaba pendiente a una picadera que se trajo el bartender a la barra. Que bueno que no fui tan babilloso de pedirlo. Tanto fue la impresión que dio mi rostro que hasta el mismísimo bartender me miró y me dijo que comprendía mi sorpresa, corage, ira y decepción. Que tanto era así que ni el mismo recomendaba beber allí. Hasta me dio el nombre de otra barra con un Happy Hour bien bellaco. La verdad es que enganché los guantes. El daño ya estaba hecho. Me cago en la madre.

Tanto fue la impresión que causó esa mierda en nosotros que decidimos irnos a la puta de allí, directamente al Estacionamiento Doña Fela donde de camino a Bayamón hablamos sobre cómo ése día tuve una de las experiencias más bicho de mi vida. Cada 20 segundos de conversación salía a relucir por mi boca cómo fui asaltado, apuñalado con un cuchillo de carne por el centro del roto del culo de forma simbólica (y con las bolas también) por Ostra Cosa del Viejo San Juan. Tanto fue mi impresión  juré o pisar El Viejo San Juan, al menos no en calidad de jangueo. ¿Sabes por qué? Porque janguear cuesta un bicho allá.

Entonces ahora me pregunto por qué en Puerto Rico todavía la gente se cuestiona cómo es que hay un bajón en el turismo que nos visita. Puñeta, es obvio por qué. Porque estamos convencidos que más caro es igual a que es mejor y la verdad está muy lejos de la realidad. Por eso es que el turista no le gusta gastar como Dios manda aquí. Porque lo que tenemos aquí en la isla es un montón de mercaderes y farsantes de cartón que quieren coger al que no conoce de pendejo con sus sapitos color verde y mierdas así.

Coño, la República Dominicana se ha esforzado más y más en darle a sus visitantes una vida cómoda y de excelencia.Que se sientan cómodos y siempre buscando la felicidad en cada rincón que pasen tanto dentro como fuera del hotel. Los dominicanos están años luz frente a nosotros en el turismo. Ahora con la apertura próxima de Cuba y salida del bloqueo creo que tanto ha jodido a nuestro hermano país, el fururo inmediato del turismo en la isla está en veremos. ¿So que qué aremos? ¿Que nos importe un bicho y seguir pagando os $5 pesos por cerveza o nos ponemos pa’ nuestro número? Ostra Cosa, cágate en tu madre y mámenme mi diminuto bicho indignado. A mí me cogen 1 vez pero no 2.

Jarto de odio. Su amigo inexistente;

-Merdócrata Bloguero.